jueves, 25 de agosto de 2011

De cuando comencé como guía en Ujué: Meteduras de pata y aprendizaje.

En este capítulo os hablo en primer lugar de mis inicios como guía del santuario de Santa María la Real de Uxue allá por los años 1964 y 1965.
En la segunda parte del artículo hago unas reflexiones sobre la debida formación y experiencia que debería tener hoy en día quien se dedique a acompañar y explicar a los visitantes un conjunto monumental como el nuestro.

Vaya de antemano la información de que, a no ser que alguien me lo pida, ya no ejerzo como guía aunque es algo que me gusta enormemente.
La parroquia confía en otras personas para ejercer esa labor.

Foto: El que esto escribe a sus quince años
 junto a un turista en la torre mayor de Uxue.
Otro turista es el que sacó la fotografía.
MIS INICIOS ACOMPAÑANDO A LAS VISITAS.
Era el año 1964. Era párroco de Ujué Francisco Lizarraga y sacristán Fausto Ayesa. Por desavenencias entre ambos, el sacristán tuvo que marcharse y al poco tiempo fue llamado para ese puesto mi padre, José Miguel.
Nos trasladamos a vivir a la casa del sacristán sita dentro del conjunto monumental de la iglesia fortaleza.

A mis once años, fuera de las horas escolares, comencé a ayudar a mi padre en su deber de guardián del santuario acompañando a las visitas que lo pedían, abriendo y cerrando puertas ya que salvo la nave gótica todo lo demás siempre estaba cerrado.

Enseguida vimos que con las propinas que nos daban por hacer ese servicio se podía sacar un sobresueldo de modo que cuando desde el balcón de casa veíamos que llegaba un coche a la placeta, bajábamos al atrio de la iglesia para recibir a los viajeros. Tras saludarlos les preguntábamos si querían que les abriésemos las puertas.

Al entrar a la zona interior de los ábsides la siguiente pregunta era si querían que les explicásemos algo. Nunca se pedía nada a cambio, sino que esperábamos lo que voluntariamente nos podían dar al finalizar.

Mis deficiencias de principiante al explicar.
Ahí, en esa faceta de dar explicaciones es donde dí mis primeros tropezones: Mis recursos eran escasos y me limitaba a repetir cual lorito que aquí la iglesia era románica y allá gótica, que este era el corazón de Carlos II y aquello el coro.

Al pasear por el templo mi bagaje explicativo era tan pobre que en aquellos principios me limitaba a contar poco más que las leyendas y fábulas que conocíamos desde críos: la leyenda de la paloma y la aparición, mostrar la supuesta sangre del “moro” que disparó a la Virgen o mostrar el osario y contar que, según decían, era un túnel que iba hasta la ermita de San Miguel.

Recibí severas correcciones.
Recuerdo aquella mi primera etapa de cicerone, años 64-66, cometiendo constantes meteduras de pata y recibiendo severas correcciones de más de un visitante advirtiéndome del último disparate que acababa de decir.
Todavía recuerdo la lección de historia que me dio el gran estudioso tafallés José Cabezudo Astrain tras algo incorrecto que dije sobre la época de Sancho Ramírez y la construcción de los ábsides románicos.
Todos esos coscorrones que iba recibiendo me fueron espabilando. Me fui dando cuenta de la imperiosa necesidad de estar instruido en todo lo referente a Ujué.

Había que estar más preparado que lo que yo estaba.
Se hacía necesario saber más… Los turistas preguntaban mucho: A cuántos metros sobre el mar estábamos, qué épocas eran las de la construcción de la iglesia....
Querían que les explicara lo de la Universidad de Ujué de la que yo apenas había oído hablar.... Querían saber qué reyes eran aquellos que mandaron construir el edificio… Cuantos habitantes tenía Ujué, de qué vivían, porqué le llamaron El Malo al rey del corazón…. Cuándo fue la primera vez que apareció Uxue en los papeles… Si hubo castillo, porqué lo derribaron…Cuántos monjes hubo.. En qué sitio se alojaban los reyes cuando venían a Ujué… Las romerías etc.
¡Querían que les dijera hasta el nombre de los pueblos y de los montes que se ven desde el Losau o la torre!

Oyendo a los que de veras sabían más, comencé a aprender.
El cargo de abrir y cerrar puertas me fue de gran ayuda, sobre todo cuando el párroco atendía a visitas de importancia. Oír sus explicaciones fue una manera de adquirir conocimientos.
A veces venían visitas de la incipiente Universidad de Navarra… o de algún colegio. En ellas siempre había alguien que explicaba a los demás cosas interesantísimas sobre nuestra iglesia y nuestro pueblo. En cada visita de este tipo siempre aprendía alguna cosa nueva.

En esas ocasiones en que yo solo era “el de las llaves”, oí explicar cosas de Ujué a gente que sabía mucho de lo que yo necesitaba saber. Esa fue una parte importante de mi escuela.
Abrí puertas y escuché bastantes veces a Alfonso Iriarte, el secretario de Ujué, explicando toda la iglesia a conocidos suyos.
Tuve ocasión de abrir puertas y escuchar al, arquitecto Ochoa de Oiza que solía traer gente a que conocieran Uxue....
Atendí y escuché un montón de veces al Señor Cabezudo Astrain, a los señores de la Institución Príncipe de Viana cuando venían a ver como se desarrollaban las obras en el paseo de Ronda o simplemente con sus amistades a enseñarles Ujué...
Recuerdo haber escuchado explicaciones de los señores Idoate y Uranga, de haber oído como explicaba Uxue el señor Martinena. jefe del Archivo General de Navarra, o los Zubiaur de San Martín de Unx….

Cada vez que José María Jimeno Jurío venía con alguien para enseñarle Ujué o a buscar testimonios para sus investigaciones, también saqué algo nuevo pues a él le encantaba contar sus descubrimientos acerca de nuestro pueblo y de Navarra.
También fueron muchos los visitantes anónimos que me aportaron conocimientos en las charlas que mantuvimos durante las visitas…

Leer cosas sobre la historia de Ujué y Navarra y sobre arquitectura románica y gótica fue imprescindible.
Se hicieron inseparables de mí los libros del padre Jacinto Clavería sobre la historia de la Virgen, del Santuario y de la Villa de Ujué, exprimí al máximo sus contenidos para poderlos contar…

En la escuela mangué un libro sobre historia de Navarra que nunca jamás nos lo repartieron para estudiar....Gracias a ese libro me fui enterando de los sucesivos reyes que tuvimos..
Leí mil veces el folletico de Jimeno Jurío. Leí el “Navarre romane” de Lojendio a quien abrí puertas cuando estaba preparando el libro allá por 1966...

En unos libros de bachillerato que me prestaron leí nociones sobre románico, gótico e historia universal. Compré, leí y releí la Historia de Navarra de Carlos Clavería Arza, me sumergí con interés en la historia de Navarra del profesor Lacarra que repartió la Caja de Ahorros...

Y así, poco a poco con el transcurso del tiempo, tras escuchar a los que sabían más y leer todo lo que había sobre Ujué y Navarra fui adquiriendo un mejor nivel de conocimientos.
Cuantos más datos aprendía, cuantos más datos podía manejar, más seguro me encontraba al hablar con los visitantes.

Tener más formación y más experiencia fue dando sus frutos.
El éxito de mi formación se iba midiendo con un progresivo descenso de reprimendas, menos cuchicheos y menos risitas malignas a mis espaldas y un notable aumento en las propinas que recibía como pago tras cada visita.

Con los catorce o quince años cumplidos estuve mirando cosas del archivo parroquial junto al nuevo párroco. El secretario del ayuntamiento me hizo leer en el archivo municipal varios legajos antiguos de doña Leonor, de las guerras de 1710 y de 1808.....

Pasaron los años y en agosto de 1970 (ya tenía 17 años y seis de experiencias de todo tipo) recaudé casi nueve mil pesetas en propinas.
Cada día de agosto era normal que entre mi padre, mi tía y yo diéramos unas quince visitas guiadas. Quince coches con visitantes: quince visitas. En cada visita: dos, tres, cinco personas. Los días festivos de verano eran de muchas más visitas.
Aquello probaba que el oficio de guía turístico daba sus dividendos en temporada alta: verano, semana santa, domingos…

Por aquellas fechas o quizás un poco más tarde, hice mis pinitos explicando la iglesia en francés (entre varios compramos un curso de francés por discos que seguíamos en casa del cura).
Lo de enseñar en euskara fue algo que no conseguí hasta 1976 o 1977.

La formación es algo continuo e inacabable.
Mi formación en todo lo referente a Uxue no ha acabado: Siempre salen datos nuevos que hay que tener en cuenta. Un ejemplo de ello es que no se puede explicar Uxue sin mencionar los datos que han aportado los hallazgos arqueológicos y documentales de estos últimos años.

Con el tiempo me di cuenta que aparte de saber todo lo posible sobre lo que se está mostrando al turista, hay que saberlo comunicar.
Comprendí que no todos los visitantes tiene el mismo nivel cultural. Hay que estar preparado para que el discurso sea entendible por la gente sencilla y visitantes primerizos.
Y comprendí que hay que estar preparado para aportar más conocimientos si los visitantes ya han estado anteriormente y conocen lo más básico sobre el monumento y nuestra historia.

Vosotros, lectores de este blog, sois como esos turistas que han visitado Uxue mil veces. Sabéis lo más básico sobre nuestro pueblo. Queréis saber más.
Por eso me alegro enormemente cuando me decís que habéis aprendido cosas nuevas al leer alguno de mis artículos.
¡Ojalá que eso también fuera prueba de que sigo mejorando como comunicador!
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Foto en la que aparece el que esto escribe. 
El fotógrafo, José Cabezudo Astrain, conocido escritor y divulgador tafallés, 
Don José estaba convencido que ese Cristo es obra del escultor Juan de Anchieta.
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¿QUE SE LE DEBE EXIGIR ACTUALMENTE A UN GUÍA? REFLEXIONES DESDE MI EXPERIENCIA.

Todos hemos sido turistas alguna vez.
Han pasado muchos años desde aquellos tiempos de mi pubertad y primera juventud. Ahora se viaja más. Ahora se hace mucho más turismo cultural. El nivel de conocimientos que tiene la gente es más elevado. Por eso es normal que cuando vamos a una ciudad o a un monumento sea habitual ir a una visita guiada para conocer mejor lo que visitamos.

Qué se espera de un guía.
Tras pagar un ticket esperamos recibir un servicio de calidad en el que el guía demuestre conocer lo que explica. Esperamos que el guía posea un discurso ameno que transmita seguridad y credibilidad.

Un discurso inseguro no es creíble. Si el guía, está nervioso y balbucea, si tiene dudas al hablar, puede que aunque lo que vaya explicando sea cierto no resulte creíble.
La seguridad en el discurso, el aplomo, la credibilidad, solo se consiguen con formación y experiencia en el oficio.

Estudios necesarios para ser guía profesional.
Actualmente cualquier empresa de turismo suele exigir que sus guías tengan la carrera de Turismo o la licenciatura en Historia e historia del arte y en todo caso tener el título expedido por la correspondiente comunidad autónoma.
El objetivo: tener trabajadores con un nivel de conocimientos alto que les permita aprender con facilidad el devenir histórico y artístico del monumento o ciudad que estén obligados a enseñar.

Las comunidades autónomas conceden los títulos de guía turístico en los niveles autonómico y local si el aspirante demuestra haber cursado la carrera de Técnico de Empresas y Actividades Turísticas (TEAT) o si ha superado los exámenes que suelen convocar las respectivas consejerías. Ver aquí.

En los sitios que no son rentables por tener poca afluencia de visitantes, se suele confiar la labor de guía en gente sabedora de la historia de cada monumento (tengan título universitario o no) a sabiendas de que esas personas tienen probada capacitación.
Un vivo ejemplo que ilustra lo que digo son las personas que con tanto éxito enseñan el románico de la Valdorba.

Aptitud de los guías locales.
Desde mi propia experiencia (ya os he contado los coscorrones que recibí de muete) pienso que es impensable que mozalbetes de corta edad tengan capacidad de dar un buen servicio.

El turismo que viene a la Zona media de Navarra busca conocer nuestra historia, arte y cultura. Y el visitante paga por ver nuestros monumentos y para que se los expliquen correctamente.

Por lo tanto, si en un monumento no hay profesionales al cargo de las visitas, es necesario que al menos haya personas experimentadas que conozcan y sepan explicar con eficacia todo lo concerniente a él.
Que la labor del guía agrade o no al visitante es esencial para que luego se hable bien o mal de nuestra gente, de nuestros pueblos y de los monumentos visitados.

Pasos necesarios para que un joven sea un cicerone local aceptable.
Es primordial que los jóvenes que sientan vocación de enseñar un monumento de su pueblo, sepan entre otras cosas su historia y las peculiaridades arquitectónicas y artísticas de su construcción.

En segundo lugar sería necesario que sus primeros pasos fueran observando como imparte las visitas un adulto cualificado.
Finalmente el adulto debería ir dejando que el neófito pudiera dirigirse a los visitantes en pequeñas intervenciones. Así los futuros guías podrían ir adquiriendo conocimientos, experiencia, reflejos, firmeza y capacidad comunicativa antes de ejercer en solitario.

Deseo final.
Ojalá que todos los muchachos y muchachas de lugares como Uxue supieran lo suficiente tanto en historia general, de Navarra y en historia local. Ojalá que todos ellos tuvieran ya los mínimos conocimientos para ser capaces de enseñar con éxito nuestros monumentos. Ojalá que desde tan temprana edad pudieran estar capacitados para poder contestar satisfactoriamente las preguntas que en cualquier visita suelen surgir.

Allá donde se esté trabajando en el sentido que apunto, vayan mis felicitaciones y mis deseos de aciertos y buen hacer.
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