lunes, 10 de noviembre de 2014

Funerales, tiempo de duelo, día de difuntos y novena a las almas del Purgatorio.

Propiciado por estos primeros días de noviembre dedicados a la memoria de nuestros difuntos y a la costumbre de visitar el cementerio, me viene a la memoria aquellos tiempos de cuando niño.

Interior del cementerio de Ujué
No sé por dónde empezar mi relato. Si contando lo que era la novena a las almas del Purgatorio o por lo relativo a lo que recuerdo de las defunciones y funerales que ocurrían durante todo el año.
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El Viático.
Ya adivinábamos que algo no iba bien cuando oíamos tocar a Viático. Y es que el Viático se administraba a los moribundos.

Viático. Cuadro de Javier Ciga.

Previo toque de campanas se avisaba al vecindario y el cura acudía revestido a casa del enfermo portando la comunión y los santos óleos.
Abría la comitiva un monaguillo tocando una campanilla y al cura le seguía la feligresía.
Llegados a casa de la persona enferma se le confesaba, se le daba la comunión y se le daba la extremaunción,

El cura solía volver cuando el enfermo entraba en agonía a rezarle las recomendaciones del alma como ayuda para el buen morir.

La defunción.
Con solo oír que las campanas tocaban a muerto (treinta y tres si el difunto era un hombre, treinta y dos si era mujer) ya sabíamos que se había producido una defunción
Cuando ocurría algún mortichuelo (la muerte de algún niño o niña de corta edad) era el tañido de dos de las campanas chiquitas el que nos ponía la piel de gallina.

La mandaresa. La gobernanta.
Así se le llamaba en Ujué a la mujer del pueblo que en representación de la familia mediaba con el ayuntamiento, juzgado y parroquia para que el papeleo y las ceremonias del funeral y entierro transcurrieran debidamente.
La mandaresa también recogía la limosna que daban los vecinos en cada caso de defunción para invertirla en misas.

Mientras la mandaresa hacia su labor, los familiares más directos de la persona fallecida podían hacerse cargo de que en casa transcurriera todo bien: desde atender a la gente que acudía a dar el pésame y a rezar en el velatorio, hasta la preparación de comida y cama a los familiares que pudieran venir de otros pueblos.

Las últimas mandaresas o gobernantas que ejercieron en Uxue fueron la Jesús y la Avelina. personas que también fueron conocidas por mantener en sus casas sendas "escuelicas" o guarderías infantiles en donde se enseñaban canciones religiosas y distintos rezos.

 La vigilia o velatorio.
 Velatorio. Cuadro de Julio Romero de Torres
Tras la defunción de alguien, el vecindario pasaba la noche en vela en casa del difunto y se rezaban ante el cadáver rosario tras rosario y más y más oraciones por la salvación de su alma.
Como ayuda para pasar la noche en vela, la familia solía sacar café, pastas y algún licor.

La procesión fúnebre.
El funeral y entierro eran por las mañanas. El traslado desde el domicilio del difunto a la iglesia se realizaba en ordenada procesión en la que participaba todo el pueblo.
El ataúd, y los cirios que le acompañaban, era llevado por hombres de la familia de la persona fallecida.
Mientras el traslado del cadáver a la iglesia -párroco con capa negra, cánticos del clero en latín- las campanas tocaban especial.. muy lúgubres.. como llorando…
Si el difunto era cofrade de la Hermandad de la Vera Cruz, una persona llevaba delante del ataúd la bandera negra de dicha Cofradía.

El funeral.
Los funerales eran algo tremendo. Creo recordar que allá por los años 50 el cadáver se quedaba en el atrio de la iglesia pero mis recuerdos son de cuando colocaban al difunto dentro de la iglesia, encima de un catafalco, rodeado de enormes candelabros con gruesos cirios encendidos.

Antes de la misa el coro cantaba un largo repertorio en latín… … 
Según quien era el difunto (y el dispendio que la familia podía sufragar) el funeral era de primera, segunda o tercera…
En los funerales de primera además del celebrante principal oficiaban también un diacono y un subdiácono y el coro pasaba más tiempo cantando...

Luego de misa, el féretro era llevado al cementerio a hombros de los hombres de la familia utilizando para ello un ballarte (parihuela). En tiempos hubo carro de difuntos.

Inhumación.
Ya en el camposanto, más rezos y antes de descender el cadáver a la fosa se retiraba el Santocristo del ataúd para dárselo a la familia.
Hay casas en que se guardan seis, ocho y más crucifijos de ataúd: El del abuelo, el de la abuela, el del padre, la madre.. etc

Refección.
Hubo una época en que, tras el entierro, el clero, vecinos y familiares del difunto iban a comer a casa del fallecido.
Aunque la palabra refección significa "alimento moderado para reparar fuerzas", la refección del día del funeral suponía un gran gasto para las familias.

Recordatorios.
Tras el día de las exequias, algo que quedaba por hacer era lo del recordatorio; Una estampica  con un texto recordando al difunto, una foto por un lado y una oración por el otro, que se entregaba a los familiares y allegados sin olvidarse de nadie..

El tiempo de duelo. Ir de luto.
Los familiares directos de la persona fallecida debían de guardar duelo. Estar de duelo impedía ir al bar, al baile.... y salir en fiestas.

En cuanto al vestir había que ir de luto. Las mujeres iban de riguroso negro… mientras que los hombres llevaban un brazalete negro cosido a la chaqueta, jersey o al gabán,  Últimamente valía con ponerse un botón forrado de negro en la solapa.

La duración del duelo y del luto dependía del grado de parentesco que se tenía con el difunto.
Si el parentesco era de primer grado, el periodo de luto era de tres años... Pasados dos años ya se permitía aliviar el luto, es decir combinar el negro con los colores blanco, lila o el morado, ..... aunque hubo viudas que vistieron totalmente de negro toda su vida..


Una persona demostraba estar de luto hasta al enviar una carta a alguien: Los sobres y el papel para el texto tenían una orla negra alrededor..


Misas y rosarios en sufragio de los difuntos.
Tras el día del funeral venia la costumbre de ir por las tardes a casa del difunto durante los siguientes nueve días para rezar el rosario.

Había casas pudientes que cuando moría alguien de su familia solía encargar 30 misas (una al día durante un mes) para lograr la salvación eterna de la persona fallecida.

Pero en Uxue lo más normal era que, tras el funeral y entierro, la familia del difunto encargase una misa cada mes hasta cumplirse el año del deceso, momento en que se decía otra misa solemne de aniversario.
Por lo general eran las mujeres de la casa las que se encargaban de hablar con el cura para estos menesteres.

Nadie osaba romper esta tradición: ¿Qué dirían si después del funeral de tu mujer o marido, padre o madre no les dices una misa cada mes del primer año?
Y es que era notorio para quien había sido la misa por la presencia de quien la había encargado junto al cura cuando éste rezaba los responsos.

Además, la que había encargado la misa avisaba previamente a la parentela: Que la misa de mañana es p´al padre, pa la madre... etc

Ni que decir tiene que por cada funeral, aniversario y misa que se encargaba había que pagar al cura un estipendio.

Aparte de las misas mensuales y la del aniversario de la muerte de un familiar, las buenas feligresas solían pasar por la sacristía para encargar una misa por cualquier motivo: para el día en que su familiar cumplía los años o para el día en que sus difuntos padres se casaron.... sin importar que hubieran pasado años y años de la muerte del difunto recomendado.

Los responsos de después de misa.
Tras cada misa celebrada en favor del alma de alguien, el cura celebrante se ponía a rezar responsos dentro del presbiterio, en la columna de entre el ábside principal y el de la izquierda, mientras los fieles iban echando unas monedicas al cepillo que un monaguillo sostenía…
Si los familiares (casi siempre mujeres) comenzaban una nueva ronda echando más monedas, el cura seguía con sus responsos…

Esta costumbre de los responsos acabó cuando lo del Concilio Vaticano II. Pero lo de encargar misas (con el sabido estipendio) todavía pervive….
Menos mal que, según la Iglesia, Cristo murió una sola vez y por todos….

EL MIEDO A SER CASTIGADO EN EL MÁS ALLÁ. LA NOVENA A LAS ALMAS DEL PURGATORIO.
Recuerdo que cuando teníamos cinco o seis años ya recibíamos lecciones de catecismo. 
Mas o menos a esa edad empezaron a decirnos lo que era el pecado mortal… a advertirnos del riesgo de morirse en pecado mortal… y de las terribles penas que pasaban los condenados al infierno…

También nos dijeron que existía el Purgatorio donde los que habían muerto con pecadillos de poca monta debían pasar un tiempo hasta purificarse… 
Decían que, al igual que en el infierno, allá en el Purgatorio también se sufría el calor de unas terribles llamas hasta que las almas quedaban purificadas…

Y en ese terrible lugar, unos difuntos debían pasar más tiempo que otros dependiendo de cuantos pecados veniales había cometido cada uno..

Por si fuera poco, era creencia que si cometías tres pecados veniales se convertían en uno mortal por lo que más de un niño pasó noches sin pegar ojo por miedo a morirse e ir al infierno..

Desasosiegos de huérfano: ¿Mi madre estaba en el Cielo o en el Purgatorio?
Una fatídica tarde de julio de 1956, cuando yo tenía tres años, noté un revuelo especial a mi alrededor.  
A mi madre le pasaba algo…  y a nuestra casa acudieron médico, practicante, parientes, vecinos… 
En medio de aquel barullo la tía Joaquina, hermana de mi padre, me agarró de la mano y me llevó a su casa. 
A los días de estar con la tía me dijeron que mi mamá se había ido al Cielo y que no la iba a volver a ver más…
Había tenido dos hermanicas pero solo una sobrevivió al nacimiento y mi mamá también murió al traerlas al mundo…

Mi padre viajó unas cuantas veces a Pamplona a visitar a la hermanica sobreviviente pero ella también murió en la Maternidad …
Cada año, llegado el día de Todos los Santos, mi padre viajaba a Pamplona para visitar la tumba de mi madre.. y la de mis hermanicas….

Creo que mi infancia no fue muy distinta a la de mis coetáneos, salvo que yo era consciente que ellos tenían mamá y yo no … aunque siempre tuve a mi lado a la tía Joaquina que dedicó toda su vida a cuidarme, desviviéndose por mi…

Ya con siete años, a punto de recibir la primera comunión, recuerdo que me dijeron que debía rezar por mi madre..
Y se encendió en mí una terrible incertidumbre: ¿Es que mi madre estaba en el Purgatorio?
Fue la tía Joaquina quien me sacó de dudas: No debía rezar por mi madre, sino a mi madre ya que ella estaba en el Cielo…con mis hermanicas…



FOTO: La Virgen del Carmen en los Cielos y dos ángeles que rescatan almas del Purgatorio.

Según los carmelitas, tener devoción a la Virgen del Carmen y llevar su escapulario en la hora de la muerte es garantía de una corta estancia en el Purgatorio.
Ver aquí



DÍA DE DIFUNTOS Y NOVENA A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Cuando llegaba noviembre y el día de difuntos, aunque niños, también íbamos al cementerio de Ujué… donde veíamos a gente llorando… pero como ni mi madre ni mis hermanicas estaban en ese cementerio…

Luego, a las tardes y hasta el 10 de noviembre, se celebraba en la iglesia (y se sigue celebrando) la novena a las Benditas almas del Purgatorio.
Allá detrás de los bancos y delante del coro plantaban el catafalco que era un túmulo en el que se representaba un negro ataúd encima de un estrado revestido de telas negras, rodeado de tremendos candelabros de color negro..

En las lecturas de la novena se relataban los padecimientos que pasaban las almas del purgatorio y nos decían que con nuestros rezos podíamos aliviar y acortar su estancia en aquel lugar…

Los cánticos que se entonaban eran tétricos, sobre todo uno que llamaban "los lamentos de las almas del purgatorio". El responso final en latín encogía el ánimo..

Y en nuestra alma infantil quedaba la impresión de que había que ser muy pero que muy santo para no tener que pasar por el purgatorio… ya que por cualquier pecado venial….. allá podías ir tú también.
Así que, había que rezar.. rezar mucho pa librarse del Purgatorio.. y pa que los que allá estaban pudieran subir enseguida al Cielo...
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Enlaces para saber mas: 
- Sobre las misas por los difuntos   
- Sobre la práctica funeraria - Gran Enciclopedia Navarra-
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