viernes, 17 de diciembre de 2010

Paz de Ciganda es testigo de cómo la Virgen de Ujué devuelve el habla a la muda de Cadreita.

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Hurgando en la hemeroteca nos encontramos con el episodio que relatamos hoy.

Para situarnos diré que todo sucede en  la romería grande a Ujué, el domingo siguiente a San Marcos de 1929.

La cronista, Paz de Ciganda, nos describe la romería y el ambiente cargado de emoción en medio del cual una devota muda recupera el habla ante todos los presentes.

Lo transcribo tal cual,  sin comentarios. Que cada uno saque sus conclusiones.

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DIARIO DE NAVARRA
Pamplona martes 29 de abril de 1929

¡Dadnos agua, Gran Señora!
¡Madre mía, cúrame!

Este año más favores de la Virgen de Ujué.
Apuntes de romería.
Atraídos por el imán santo de la «Paloma de la Montaña», van los cruceros antes del alba; han salido de la tierra baja.
La llanura, con su fuerza expansiva, les ha dicho: «Marchad». La Fe motiva el deseo, este año más vivo, que impele a subir a clamar. Por entre campos amenazados de sequía, van una vez más; andan esos caminos y atajos que sorprendieron un día a la sierra en su magnífico aislamiento.

Desde sus alturas, siguiendo direcciones de Tafalla, Olite, Caparroso, Carcastillo, Beire, Pitillas, Murillo y Murillete, la vista podrá descubrir, de trecho en trecho, serpenteos humanos en la hora tenue de la alborada.

Corremos también de Pamplona a unirnos en Ujué, y vuelan los coches por la carretera a la vera de los campos que nos dicen: «Si ellos no, los ruegos de los cruceros, ya están llegando al cielo»,—Lluvia finísima empaña el «para-brisas»; muy menuda ciertamente.. ¡Pero agua al fin!

Hasta llegar a la altura de la bella Cruz anunciadora del castillo de Ujué no se detiene nuestra vista.

Allí sí... pero doblemente impresionada porque ve en la distancia cómo místicos guerreros acorazados asaltan la Fortaleza.., Sus sombras negras suben, se deslizan por entre las murallas que Ujué forma y no paran hasta lograr coronarlas... Llevan armas,... suenan cantos,.., ruidos de cadenas se oyen. . . Las piedras todas de los baluartes del recinto cambian en gris el dorado de sus fuegos por entonar mejor con las brumas de la sierra, con el pardo mismo de las tierras y aumentar el encanto con la imprecisión del misterio.

No lo desciframos hasta penetrar, bajo el gótico de la arcada, en el templo.

Brillante, esplendorosa entre sus oros y platas, está la Virgen, ¿Quién dijo que su carita morena por ser o no romano-bizantina tiene aire de asustada?
¡Yo la vi que sonreía!
Sonreía a los riberos que uno a uno y ciento a ciento, deponían e sus pies las armas del camino... los «Leños de cruzados»: las cadenas de penitentes atadas al pie desnudo.
Vencida la fatiga por el recio anhelo, rota queda en las voces rebosantes de amoroso orgullo que saludan
 «¡Viva la Virgen de Ujué!».

Enseguida el ambiente se llena de ternuras inefables. Cruza el pueblo con su Reina, con su madre, miradas y palabras que dicen deseos, promesas, súplicas: «A Ujué nos llama la Virgen—A Ujué nos llama la Fé—Vamos a donde nos llaman—Navarros vamos a Ujué»—y piden a la madre: Dadnos agua Gran Señora—que corra por los caminos—Virgen Sacrosanta—que vemos los labradores—que se nos secan los campos».

Tras las voces fuertes de los hombres las de las mujeres, en eco suave, repiten «Dadnos agua gran Señora»…… y más silenciosa, pero no menos honda, brota la plegaria íntima del dolor personal: «Madre mía dame el habla—haz que mi lengua te cante»... A clavarse ante el altar de su Virgencica amada ha llegado la enferma muda de Cadreita.. Hablará...

La Virgen mira a todos... ¿No es ya suficiente?.

Entretanto afuera sigue lloviendo. Luego llega el homenaje de las funciones solemnes; con cuantas galas la Basílica despliega, en oratoria, música, ornamentos. Oficía el clero de Ujué ayudado por los de los lugares en romería. Acuden las autoridades presididas por las de Tafalla.

Misa mayor, sermón, vísperas, misa de auroros, con su canto peculiar ... Son las doce... desde las ocho no ha cesado el murmullo de las preces... Junto a mí una mujer joven sentada, tiene en brazos su niñito. Lo envuelve en blancas lanas. ¡Diríase el cuadro de una ofrenda!

Tan fija está la mirada de la madre en la hornacina, que no repara en el marido que se llega. «...Pero mujer... ¿no te basta aún?»

Ella acaso envidia al caballero Bustos, padre de los siete Infantes de Lara, que recibió la vista por el milagro de Ujué y fijó su recuerdo devoto en la propia estatua orante!

La enferma de Cadreita, siente pena semejante. ¡Separarse de Ujué! ¿Si allí su esperanza... su ilusión entera ha puesto?.. Por eso vuelve callada... una hora y otra hora... y en la de las dos y media, sigue a los pies de la Virgen... sin poderse arrancar... Es la última visita, arrecia la fe. . . bulle la esperanza . . . la emoción crece con ahogos de lágrimas. . . . La voz interior del alma que cree y ama, se hace palabras una vez más . . . y una vez más el favor Divino sé hace patente: ¡Un «Madre mía. . . . Madre mía». .. . resuena en la nave Santa!.

¡La enferma de Cadreita Bruna Ramos ha recobrado el habla. . . que hace algún tiempo perdió!

Entre quienes oyen y presencian asombrados están de Pamplona los hermanos Lazcano; los hermanos Bescansa.
Se acercan. . . la romera de Ujué sigue hablando alto: «Madre mía. . . . Madre mía. . . .¡Cómo he venido, cómo volveré!». . . . El sonido de su acento se extiende por los ámbitos todos del Fuerte de Ujué. Salen, acuden de todas partes cruceros y peregrinos.
El entusiasmo levanta clamor en tantos corazones agradecidos y atruena el espacio un grito poderoso. . . . inmenso: . . . ¡Viva la Virgen de Ujué! ¡Viva Navarra!.

Siempre de nuevo la fuerza inmanente de la espiritualidad triunfa en la cumbre de la Virgen de Usúa (paloma), mientras la torre almenada de su castillo permanece en alto como faro explicativo de la llamada atrayente. . . iVenid! iQuedad!

PAZ DE CIGANDA. Abril 28, de 1929.