domingo, 21 de marzo de 2010

Al auroro solitario de Ujué.


A JOSE MIGUEL BURGUI MATEO, UN VIEJO AURORO DE UJUE

Hace escasamente una semana recibí la poesía que sigue de parte de su autor Alfonso Iriarte Landarech.
Se la dedica a mi padre, Jose Miguel Burgui Mateo.

Al inicio de los años sesenta el grupo de los auroros de Ujué menguó ostensiblemente ya que sus componentes fueron desapareciendo a causa de la emigración.
Hubo un momento en que solo quedó mi padre y éste salió en varias ocasiones en solitario a cantar la aurora y a ese hecho se refiere el poeta al componer sus versos.
Desde estas líneas vaya para Alfonso, y en nombre de mi padre, todo mi agradecimiento por su poema.

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EL AURORO SOLITARIO DE UJUÉ


Yo recuerdo las auroras,
al albor de la mañana,
al llamar a la oración
en la torre la campana.

Unos rústicos cantores
en el atrio se juntaban
bajo ménsulas y ojivas
que una lámpara alumbraba.

Con cadencias singulares
de canciones centenarias
deleitaban a mi pueblo
asentado en la montaña.

Ya murieron los mayores.
Ya se fueron a otra patria,
con sus cantos y su fe
su piedad y su esperanza.

Un anciano solamente,
con feliz longevidad
continuó cantando auroras
por las calles del lugar.

En los días de difuntos
y en las fiestas de guardar
aquel coro lo formaba
un Auroro nada más.

¡Qué impresion y qué respeto!
al oir de madrugada,
entre sueños al Auroro
Por las calles solitarias.

Con farol y campanilla
sus plegarias recitaba
por las Ánimas benditas
por el Papa y por la Paz.

Alfonso Iriarte Landarech.
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En octubre de 1964 José Miguel Burgui Mateo entró de sacristán en la parroquia de Uxue.
Al estar obligado a abrir la iglesia y dar los toques del alba y los toques para la misa primera, dejó de salir a cantar la aurora.
Hasta ese momento, la aurora era una tradición que domingo a domingo, todos los días festivos del año y cuando había un difunto, se realizaba saliendo a las cuatro de la madrugada.
La Aurora era cantada en dieciocho lugares distintos recorriendo todo el pueblo y se terminaba rezando el rosario en la iglesia antes de empezar la primera misa del día que era a las seis.