lunes, 27 de enero de 2014

Bandoleros ujuetarras. Asaltacaminos.

PROLEGÓMENO
Por los años 1880-1890 Uxue contaba con unos 1500 habitantes. Navarra no pasaba de los 300.000 y ciudades como Tafalla no llegaban a los 3000.

La población de Navarra era eminentemente rural. Habían pasado unos pocos años del final de la guerra que en muchos pueblos fue civil.
Los ayuntamientos para hacer frente a los gastos de tanta guerra vendieron los comunales.
Los antiguos combatientes al volver a sus pueblos se encontraron con que la tierra del comunal estaba en manos de la gente pudiente sin que la gente humilde, como la mayoría de ellos, tuviera ya derecho a utilizarlos.  
La desaparición de los viñedos por la filoxera arruinó a muchos propietarios. La peste del cólera castigó la población en 1855 y en 1885. 

La clase humilde no contaba para nada: Para ejercer los derechos de representación y voto había que ser propietario y la mayor parte de la población quedaba totalmente alejada de los órganos de decisión.
Ejército y Guardia Civil (en Ujué desde 1875) se encargaban de reprimir alborotos y de que aquel orden de cosas se respetase.

Es fácil deducir que tras la última guerra carlista (1872-1875) la miseria y el desequilibrio social trajeran conflictividad. Tanta, que incluso hubo gente que llegó a salir a los caminos a atracar a los viandantes, no para hacerse rico, sino para sobrevivir. 

BANDOLEROS UJUETARRAS
Los bandoleros son gente que enmascarados o no, actuaban a la vista del perjudicado como los asalta-caminos, los que asaltaban viviendas intimidando a sus moradores y los secuestradores que capturaban gente para pedir rescate. 

Claro que también existió gente que actuaba a escondidas aprovechando la ausencia de propietarios para hurtar dinero, grano o reses en corrales, apriscos, viviendas o fincas; pero a estos se les llama ladrones y rateros.
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En un anterior capitulo ya hablé de un uxuetarra condenado a muerte que se escapó de la cárcel de Tafalla y que según la crónica había protagonizado un asalto en Ezprogui. (Ver aquí)

En el de hoy mencionaré otros tres casos de asaltos en caminos, en los que en unos casos los delincuentes y en otros las víctimas son de Ujué.
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El Tradicionalista: diario de Pamplona Año II Número 228 – 1887. Agosto 5.
En el camino de Tafalla a Ujué fue sorprendido por la Guardia Civil el lunes un hombre que, armado de un trabuco, parecía intentaba robar o causar algún daño a una mujer que se dirigía a dicha villa.

Comentario: En la noticia no se dice de donde era el asaltante ni en que  término municipal ocurrió tal suceso ya que pudo suceder en el término municipal de Tafalla o en el  de San Martín de Unx,  ni de donde era el bandolero. Solo que la víctima iba a Ujué que es villa.
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Otro atraco que nos lleva a la carretera de Sangüesa. La víctima es una mujer de Ujué:
El Aralar: diario católico-fuerista Año II Número 535 - 1895 noviembre 28
El 29 de septiembre último, entre los kilómetros 36 y 37 de la carretera de Sangüesa, un hombre desconocido robó a la vecina de Ujué Nicolasa Jurío 16 pesetas, todo el dinero que llevaba.
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Asaltan a un vecino de Beire
En la siguiente noticia parece que los bandoleros eran ujuetarras y la victima de Beire. Fijaros bien en que consistió el botín: Algo que escasamente les  pudo servir para calmar el hambre del día:

El Eco de Navarra: (antes de Pamplona.). Periódico liberal y defensor de los intereses de la misma Año XXIII Número 6263 - 1897 diciembre 8
La guardia civil de Ujué ha capturado y puesto a disposición del juzgado correspondiente a los vecinos de aquella villa Julio Tiberio, Pedro López y Elías Lorente, los cuales robaron hace pocos días a un vecino de Beire unas alforjas con pan, vino y otros artículos alimenticios.
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OTRO CASO DONDE HUBO MUERTOS.


Los protagonistas del tremebundo caso que comentamos a continuación eran de Uxue aunque el lugar de los hechos estuvo lejos de nuestro pueblo, en el camino de Lumbier a  Aibar:
Un periódico de Madrid en dos números diferentes de 1881 informó del suceso. Según las crónicas, en él  intervinieron tres ujuetarras. Ponemos seguido la información que dieron en los números  Nº 8.590 y 8.592 de La Correspondencia de España: Diario universal de Noticias.
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Un lamentable suceso ha acaecido anteayer, 26 de septiembre de 1.881, en el camino de Lumbier a Aibar (Navarra) y que ha preocupado hondamente a los moradores de aquellos contornos.

Un carretero que partió de Lumbier, con dirección a Aibar, pidió protección a la pareja de la guardia civil, manifestando que conducía valores importantes; la pareja se introdujo en dos comportas que se llevaban en el carro y al llegar junto a la alcantarilla de la carretera, se vio que eran fundados los temores del carretero.
Un individuo armado saltó al camino y echó el alto al carretero, que principió a defenderse; el aparecido disparó el arma que llevaba, e inmediatamente se presentaron otros dos sujetos, también armados, uno por cada lado del camino; pero entonces los guardias salieron de su escondite, y comenzó un ligero tiroteo. 

El individuo que intimó primeramente al carretero huyó a todo correr; el segundo fue herido en el vientre y de bastante gravedad por uno de los guardias, pero la herida no le impidió ganar el bosque denominado “Los pinares”; y el tercero, menos afortunado que sus camaradas, fue alcanzado por dos proyectiles que le produjeron la muerte.

Comenzadas las primeras diligencias, se ha venido en averiguación de que el muerto era de Ujué, por cuyo dato se debe suponer que es probable la captura de los otros criminales.

Posteriormente también se supo que el herido se presentó a unos labradores a quienes dijo que le prestaran una caballería, pues no podía continuar caminando por habérsele disparado el revólver. Se le dejó una borriquilla, pero entrando en sospechas de algún suceso grave, dos de los referidos labradores entregaron al sujeto a la guardia civil del puesto de Nardués. En esta localidad continúa el herido, pero de tanta gravedad, que ya se le confesó hace dos días.

El tercer criminal, que emprendió la fuga y que no pudo ser hallado, lo ha sido después en Ujué, donde se encontraba acostado y con toda la tranquilidad del mundo. Los tres malhechores eran de Ujué, habiendo desde este punto hasta el que se cometió el crimen seis leguas y de aquí a Nardués aproximadamente dos.
La Correspondencia de España: diario universal de noticias. Nº 8.590 y 8.592

EL DE BANDOLERO, OFICIO DE ANDARINES.
Si habéis leído con atención este último suceso, os habréis dado cuenta que los asaltantes no tenían ni siquiera caballerías.  
Armados con su trabuco acudieron al punto del atraco que está a seis leguas de Ujué. Siendo el punto del atraco tan lejano de nuestro pueblo cabe pensar que tenían noticia del transporte, quizás porque tenían informadores en aquella zona.
Si miráis en el siguiente mapa podréis haceros a la idea de cual es el recorrido desde Uxue hasta el punto del asalto. Como en la crónica hablan de seis leguas de distancia, lo primero es saber que era una legua.



¿Cuánto mide una legua? La legua es una antigua unidad de longitud que expresa la distancia que una persona, a pie, o en cabalgadura, puede andar durante una hora.
Según la enciclopedia Auñamendi la distancia de una legua navarra equivalía a 5.572 metros y 7 decímetros.

Así que tomando en cuenta que el lugar de los hechos que se cuentan estaba a seis leguas (seis horas de camino) de Ujué podemos decir que son unos 35 km de distancia siendo muchos tramos de monte a través como el de Uxue a Gallipienzo.

Un bandolero andarín: El campanero  de Ujué.
En estas historias de bandoleros que se suelen contar y donde lo que abunda es la leyenda, se dice que hubo un campanero en Ujué tan ágil, tan ágil que tras dar el toque de oración del anochecer, tuvo tiempo de ir andando hasta el alto de Aibar, cometer un atraco y volver  a Ujué para dar el toque del alba.

Un veterano asaltacaminos inicia a su hijo en el "oficio"
También se dice por ahí que un ujuetarra llevó a su hijo a iniciarlo en el oficio de atraca-caminos. Al punto de la mañana ya estaban apostados en un recodo del camino que une Murillo el Fruto con Gallipienzo, por la orilla derecha del río Aragón.
Enseguida divisaron a un caminante. En cuanto lo tuvieron cerca, el padre, sin decirle ni palabra, le descerrajó un trabucazo. Se acercó al caído, lo registró y le encontró una peseta.
El hijo asustado le dijo al padre:
Miá que matarlo por una peseta..
A lo que el padre, dicen que contestó:
- Calla hijo, que si hoy pasan diez, diez pesetas.
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Volviendo a hablar en serio, en otro capítulo contaré dos o tres casos más, que podríamos calificar de secuestros en los que los raptores fueron ujuetarras.
De todas formas, en la prensa antigua y referente a Ujué, los casos de asaltos en caminos y los secuestros de gente pudiente, son excepción.
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