jueves, 19 de septiembre de 2013

Ujué: Cómo se jugaba al fútbol cuando éramos muetes.

Mikel Burgui nunca ha sido muy proclive al ejercicio físico. Tengo que confesar que soy torpe de naturaleza y nunca he sido capaz de recoger al vuelo ningún objeto que me hayan lanzado desde la más corta distancia.

Tampoco conseguí saltar bien el caballo y el burro (¿o se le llamaba potro?) de gimnasia, que cuando vino la Sección Femenina trajeron unos trastos de esos a la escuela. En la mili tampoco los salté porque además no me daba la gana. 
 
Jugar al fútbol también se me atragantó cuando crío. Otra cosa era cuando solía jugar a guerras con los demás muetes simulando tiroteos o batallas medievales con espadas, arcos, flechas y otros objetos que nosotros mismos fabricábamos.
¡Qué batallas aquellas organizados en bandos de buenos contra malos, el barrio de abajo contra el de arriba, influenciados por las películas que nos echaban en el cine parroquial!

En aquellos años de mi niñez el deporte mayoritario en Ujué era el de la pelota (ver aquí), pero el fútbol ya hacia estragos.  
En alguna casa donde había "arradio", había críos que se pasaban la tarde del domingo escuchando como iban los partidos de "furból"
Coleccionaban los cromos de "furbolistas" que venían en las gaseosas y así llegaron a saber de memoria el nombre de los jugadores de un montón de equipos cosa que a mí, pues ni fú ni fá.

En mi casa no había tal afición, ni teníamos radio ni se coleccionaban cromos pa cambiarlos por un balón …que beber gaseosa todos los días no estaba al alcance económico de los pobres. 
En cambio sí que tuve oportunidad de ver gratis un montón de películas domingo tras domingo ya que mi padre, aparte de encargarse de la calefacción, ejercía de portero y acomodador en el cine parroquial.

A causa de pegar en el álbum futbolista a futbolista cuatro equipos de primera división pa poder tener balón, gracias a escuchar los descomunales chillos conque los locutores de la radio informaban desde no sé cuantos estadios a la vez, más de un crío se llegó a creer que ya tenía alguna noción de fútbol.

Yo creo que la única noción que se tenía clara era la de que había que meter el balón (sea como sea) en la portería contraria y que empezaron a saber que era  un árbitro, un penalty y un córner  cuando se pudo ver la televisión en el pueblo y por ende el programa Estudio-Estadio.

Tales  conocimientos al igual que el mismísimo fútbol, a mi personalmente, me traían sin cuidado.
Y es que jugar al fútbol era una lata. No me era nada atrayente. Os lo cuento:

En la plaza del Ayuntamiento y la plaza Mayor era casi imposible jugar por el peligro de romper cristales, por las regañinas de los abuelos que pasaban el rato en los trancos y por las molestias que se ocasionaba a la mucha gente que transitaba por allá. En el frontón, siempre había alguien jugando a la pelota.

Cuando se decidía  jugar al balón en las escuelas, la Placeta, o en las eras del Castillazo, era sabido que el juego se iba a interrumpir cada dos por tres ya que era normal que el balón saliera disparado a un tejado o dando botes por las empinadas calles o rodando espuenda abajo.

Andar corriendo tras el balón entre un montón de contrarios venga chillar, y que además te daban codazos, coces, empujones y patadas en las espinillas, no me resultaba nada agradable.

De guardameta todavía me fue peor. (Ojo, yo no era gordo sino esmirriado). Eso de tener que parar balonazos y tenerme que tirar a detener un balón ante unas cuantas rodillas, botas Gorila, zapatillas, zapatos y pies amenazantes no me gustaba nada de nada.
Además, el portero cuando le metían gol (porterías sin palos y sin redes) era quien debía salir pitando tras el balón para que no se escapara cuesta abajo.

Quizás por todas estas circunstancias mi desapego al fútbol y todo su mundillo forofero ha sido patente desde chiquito.
A mis diez u once años, mis experiencias futboleras ya eran agua pasada. Ese deporte ya era ajeno a mí.

Ya de mozalbete, cuando cambiaron de párroco y coadjutor me llevé una sorpresa. Yo creía que los del clero tenían la obligación de aparentar ser gente seria.
Pero al párroco don Alfonso y al coadjutor don Joaquín... ¡les gustaba jugar al fútbol con toda la chiquillería!
Quizás fueron ellos (uno en cada equipo) los que al fin lograron imponer las reglas de juego ..... porque a un cura... ¡cualquiera le rechistaba!
¡Y eso era ya en el año 1966, cuando los de mi edad andábamos por los trece años!
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El amigo Zulet tiene la cabeza bien amueblada. No es como esos forofos que solo viven para hablar de fútbol. A él le gusta hacer deporte. Reconozco que desde muete ha tenido virtudes balompédicas (y balón).
Él, a diferencia mía, era de los que desde críos disfrutaban jugando interminables partidos .... y además era de los buenos, de los que "tó quisqui" quería en su equipo.

¿Y porqué estas divagaciones? ...  Pues porque hace unos días José Ignacio Zulet publicó un escrito en el que cuenta como era eso de "jugar al balón" (que así llamábamos al júrbol) en Ujué hace unos cincuenta y tantos años. 
Por la frescura del texto y porque me ha hecho revivir las viejas historias que os he contado, lo reproduzco a continuación.
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En esta plaza denominada popularmente como La Placeta se jugaron muchos partidos de fútbol en Uxue.
Cuando la gente empezó a tener coche se acabó este y otros espacios para el fútbol convertidos en aparcamiento. 

HISTORIAS DE MI TIERNA INFANCIA. EL FÚTBOL EN UJUÉ.
Por José Ignacio Zulet Ongay.
Jugábamos en la Placeta, en el frontón, en el patio de la escuela de Don Fermín (hasta no hace mucho estaba pintada una portería en la pared) o en el patio de Don Ángel, en la plaza Mayor, si don Bartolomé Iriarte no nos reprendía.
Hubo un intento de transformar la Tahona en un miniestadio, pero se quedó en eso, en intento.

Desde críos teníamos la costumbre de dar patadas al balón, que era un regalo codiciado. Si alguien no jugaba al balón es que era marichica.
Recuerdo como los Reyes me trajeron un balón marca Yes, que era el no va más, conseguíamos balones con puntos y cromos de la Casera o de gaseosas Iru...

Se hacían partidos callejeros, una vez finalizada la escuela, jugábamos al gol-portero, a tirar penaltis y al fútbol con dos equipos competidores, mezcla de mozalbetes de 6 hasta 18 años, sin división de categorías, todos juntos, eso sí los mayores tenían cuidado de no darle muy fuerte a la pelota, pues podían dañar a los mueticos pequeños.

Así comenzó a gestarse la cantera fufbolística de Uxue. En alguna ocasión, llegamos a enfrentarnos a nuestros vecinos catatos, partido de alto riesgo, donde siempre surgía algún conflicto.
A veces el Sr. coadjutor de turno jugaba con la chiquillería, sin quitarse la sotana, que le servía para esconder el balón y regatear al contrario.

Recordemos el reglamento que se aplicaba:
REGLAS DEL FÚTBOL CALLEJERO EN NUESTRA INFANCIA EN LA PLACETA Y EN LOS OTROS "ESTADIOS" DE UJUÉ.
1.- El gordo siempre es el portero.
2.- El partido acaba cuando todos están cansados.
3.- Aunque el partido vaya 20-0 se decide por "el que meta, gana".
4.- No hay árbitro. A veces no había coincidencia en la aplicación del reglamento: "¡ha sido palo!, ¡que no!, ¡que ha ido fuera!, ¡que ha ido alta!"....
5.- Solo se pita falta si es muy muy clara o alguien sale llorando.
6.- No hay fuera de juego.
7.- Si el dueño del balón se enfada, se acaba el partido.
8.- Los dos mejores no pueden estar en el mismo equipo y son los que eligen, por el método de oro, plata, dando pasos hasta que uno superpone el pie sobre el del contrincante y elige primero. Muy común jugar los del Barrio Arriba contra los de Barrio Abajo, los del Barça contra los del Madrid y uno que era del Atleti no sabía con qué equipo jugar.
9.- La barrera siempre estará bastante cerca de la pelota.
10.- Siempre hay un vecino que no te deja jugar. (Fausto, pues corría peligro el tendido eléctrico; la Sra Camila, pues el balón caía con bastante frecuencia a su corral,en cierta ocasión apareció quemado, había caído a las cenizas, ¡qué casualidad!, era un balón de gaseosa La Casera; el dueño del coche aparcado en la Placeta...)
11.- Si eres el último en ser elegido, es una gran humillación. (Es que eres más malo que la quina)
12.- Son enemigos para siempre los jugadores del barrio más cercano.
13.- Los que no tienen ni idea de jugar se quedan de defensas o de palomeros.
14.- Si llega gente mayor para jugar hay que abandonar la pista no sin antes protestar.
15.- Si en la calle hay muchos coches estacionados y pasan varios seguidos, se para el partido.
16.- Si se apuesta algo es como jugar una final.
17.- Las porterías son dos piedras o dos sudaderas, pero siempre habrá un equipo que tenga la portería más pequeña.
18.- Se detiene el partido cuando pasa una persona mayor.
19.- La ley de la botella, el que la tira va a por ella. (Había veces que el balón llegaba hasta la calle el Cuerno, rodando por la pendiente; si el partido era en el frontón rodaba cuesta abajo por la aldabea hasta que la vegetación salvaje lo detenía.)
20.- Si hay penalti, quitan al gordo y se pone el más bueno.

Estas normas no estaban escritas en ningún código, pero todo el mundo las sabía y procuraba aplicarlas. 
No nos poníamos ni chandal, ni camisetas de tu equipo favorito, ni deportivas, ni había duchas..., jugábamos con la ropa que llevábamos en ese momento, así se explica que la inmensa mayoría tuviésemos los calzados medio rotos. Después en casa nos echaban la bronca por ir hechos un desastre por el partido de "furbol".

¡Cuánto han cambiado los tiempos! Ahora queda el recuerdo de las vivencias pasadas, sobre todo cuando vemos a las nuevas generaciones luchar en los partidillos en el frontón en época veraniega, La placeta ya dejo de ser el "Maracaná uxuetarra" y la chiquillería en Ujué ha descendido de forma estrepitosa.
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