domingo, 17 de julio de 2011

Las campanas de Ujué y las tempestades.

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El presente capitulo es copia exacta de  uno de los relatos que cuenta el Padre Claveria en uno de sus libros sobre el santuario, la villa y la Virgen de Ujué.
Sin más os lo copio absteniéndome de comentarios.
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Con todos los pueblos que rodean la montaña de Ujué la Virgen se ha mostrado generosa protegiéndolos de modo particular. Pero lo ha sido mucho más, incomparablemente más con los que han venido a vivir o no han querido alejarse de su cumbre, no por miras humanas, sino por juzgarla como la mansión de mayor seguridad.

Todos los de Ujué son testigos de los favores que la Virgen de continuo les otorga. Sin enumerar casos particulares ni referir los que han ocurrido en circunstancias excepcionales, traigamos a cuento el maravilloso que se puede decir todos los años y varias veces al año se presencia: el de disiparse las malas nubes con solo tocar la campana de la Virgen o levantar el velo que cubre su imagen.

Sin embargo por lo excepcional y raro el ocurrido en 1895, el primer viernes de junio: Se formó una horrorosa tormenta y comenzó a descargar cayendo tan grandes piedras que se oía el chasquido de las mismas, al dar contra los muros, en la iglesia donde se hallaba reunido el pueblo adorando al Santísimo Sacramento expuesto. Pues bien: se levantó el velo que cubría a la Santa Imagen y al mismo tiempo cesó la caída de piedra.

En otra ocasión, en víspera de la Natividad de la Virgen (7 de septiembre) se cernió nueva tempestad preñada de malicia sobre la villa de Ujué reventando en truenos y granizo de grandes proporciones. Como de costumbre, comenzóse a bandear la campana y tan pronto como se esparcieron por el aire sus sonoras vibraciones se disiparon las blanquecinas nubes convirtiéndose todo en tempestad de agua, con admiración de muchos forasteros que en ese día concurren a Ujué,

Otra circunstancia sobrevino en una tormenta que da a conocer la influencia poderosa de María, tormenta ocurrida no ha mucho tiempo.
Y fue cayendo también piedra y tañéndose la campana, se desprendió el badajo; la piedra continuó azotando las casas y los campos, hasta que colocado nuevamente el badajo que se hizo a toda prisa, se volvió a repicar y bandear la campana de la Virgen.

Relato recibido de labios de Don Félix Aramendía, párroco de Ujué entre 1895 y 1915.
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