lunes, 8 de marzo de 2010

Deterioro de un patrimonio: Ujué y San Miguel.

Hoy publico unas reflexiones que José Javier Uranga, antiguo director del Diario de Navarra y bajo el seudónimo de Ollarra publicó en 1997 sobre la restauración y conservación de nuestros monumentos motivado por el lamentable estado en que estaban Ujué y San Miguel de Aralar.
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Antes de reproducir el artículo y para que éste se entienda, quiero recordar al lector que por aquellas fechas se hablaba en Pamplona de la nueva pavimentación del casco antiguo y una plataforma ciudadana pedía que se pavimentara con los tradicionales adoquines y no con baldosas.
También se hablaba de pasar ladrillo a ladrillo la Audiencia, actual Parlamento, al solar donde ahora está Baluarte.

En esa época nació Uxuezaleak, la Asociación de Amigos de Ujué. Hasta nuestro nacimiento nadie denunció públicamente las pésimas condiciones en que estaba nuestra iglesia- fortaleza. Ver aqui

El autor del artículo escribe desde su punto de vista sobre conceptos referidos al patrimonio artístico comparando la protección de la naturaleza con la del patrimonio artístico y monumental.
Al leer el artículo se desprende que según el autor es la sociedad civil, es decir nuestras instituciones las que deben velar por el patrimonio histórico artístico.

Ollarra acaba su interesante artículo diciendo que pese a haberse restaurado cuarenta años antes, había habido una total dejadez en el mantenimiento tanto de Ujué como de Aralar.

No menciona la responsabilidad que pudo tener en ello la Iglesia Diocesana de Navarra, usuaria de dichos monumentos.


En aquel entonces y desde hacía años, la ermita de San Miguel de Ujué, la era de la coronación y el Santuario-fortaleza figuraban en el catastro a nombre del Obispado de Pamplona. 
En el 2006, el obispado de Pamplona inscribió la totalidad del santuario y casa parroquial a su nombre en el registro de la propiedad.

Deterioro de un patrimonio: Ujué y San Miguel.
Casi simultáneamente se ha dado la alarma sobre el mal estado en que se hallan dos de los monumentos más emblemáticos y sugestivos de Navarra: Ujué y San Miguel de Aralar, ambos in Excelsis.
En Ujué se resquebrajan los muros sobre el paseo de ronda de la iglesia fortaleza, las goteras pudren las vigas produciendo grietas y desconchados y el agua entra en la iglesia por la puerta norte.
En la basílica de Aralar caen materiales del techo, se filtra el agua en el interior, decorado con cubos de plástico, y se descompone la tarima del piso.

No podemos olvidar que Ujué, antes del siglo IX y con el nombre de Santa María, era la fortaleza más importante del reino de Pamplona; y la iglesia de San Miguel conserva un ábside carolingio, el más antiguo de Navarra. Ambos lugares gozan de muy singular devoción que se desborda de sus sierras, dos viejas fronteras, por grandes zonas de Navarra. Conjunción de historia, religiosidad y arte.

Sin embargo, parece que su conservación, así como una gran parte del patrimonio monumental, no interesa demasiado a la opinión pública y tampoco a los gobernantes.
En la sociedad actual se protegen el paisaje, el medio ambiente, los espacios naturales mucho más que lo que nuestros antepasados crearon con su espíritu y sus manos y nos dejaron en herencia.
Hay bastantes grupos y asociaciones que se preocupan por la ecología y pocos por el mantenimiento de los jalones de nuestra civilización.
Se gasta dinero más, y a veces en balde, en la naturaleza que en preservar el desarrollo de la sabiduría y la ilustración de nuestro pueblo.
Estamos más interesados en el hongo o el lagarto que en el hombre y sus obras.
Es necesario defender el medio ambiente en que vivimos, que tiene en Navarra su consejería y en Madrid un ministerio, pero sin mengua de conservar un patrimonio necesitado siempre de protección.
No es lógico salvar el halcón peregrino o el búho real mientras se abandonan a la erosión y a veces a la barbarie el basilisco o las arpías del capitel románico. Todos deben considerarse especies protegidas, aunque, mientras las primeras podrían reponerse, la pieza de arte se perderá para siempre. No hay proporción entre los millones que se asignan a la salvación de unos y otros.

Yo no pido que se reduzcan los presupuestos ecológicos, sino que se establezcan objetivamente las prioridades si el dinero, a lo que parece, no llega para todo, y se tengan en cuenta a la vez que las avifaunas, saurios y mamíferos, las portadas, archivoltas y, sobre todo, los tejados de las iglesias.
Se ha hecho una gran labor de restauración y acomodo de casas y palacios con valor arquitectónico o etnográfico, relativamente fácil porque se juega con intereses privados, pero muchas de nuestras iglesias están en muy mal estado de conservación y algunas incluso en ruinas.
Me parece un sarcasmo que en la actual situación y momento se pueda proponer cambiar la ubicación de la Audiencia de Pamplona, que cierra armoniosamente el paseo de Valencia, como si fuese una tienda de campaña. Incluso la pavimentación del Casco Viejo puede ser un gasto superfluo o al menos, poco urgente.
Y es que en la capital han caído algunos políticos, aldeanos mentales, con pocos conocimientos y faltos de sensibilidad ciudadana, que no saben singularizarse si no es gastando pronto, mucho y mal.
Me dirán que esto nada tiene que ver con Ujué y San Miguel. Todo está relacionado, al menos como síntoma.

La Institución Príncipe de Viana, con medio siglo de restauraciones en su haber, fue un modelo para toda España. Hoy son muchas las ciudades y regiones que nos han alcanzado e incluso superado en la repristinación de pueblos y monumentos importantes. Existe, incluso más arraigada que en Navarra, una conciencia del valor que representan barrios, calles y templos.

Sería bueno que desde la escuela se empezase a enseñar y a viajar por Navarra abarcando todas sus asignaturas. Bien está, por ejemplo, llevar a los críos a Ibañeta, a ver pasar las palomas desde una caseta ecologista y antiecológica en aquel paraje, pero de paso, antes o después, deberían subirlos a Leire o pasearlos por Tudela, porque supongo que habrán visitado Roncesvalles.

Y no basta restaurar. Iglesias reparadas hace cuarenta años están ya que da pena verlas. Además del servicio de restauración sería preciso otro servicio de mantenimiento de las restauraciones.
Ujué y San Miguel fueron restaurados. Si de nuevo se arruinan estos dos símbolos de nuestro patrimonio cultural y espiritual, ¿qué futuro puede esperar nuestra gran riqueza monumental que no se acaba precisamente en la Audiencia ni en el Casco Viejo de Pamplona.?
OLLARRA.
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Tras leer el articulo de Ollara, un pensamiento: Ahora que las obras de Santa Maria la Real de Uxue están llegando a su fin, que alguien reflexione sobre el futuro mantenimiento en buen estado de nuestro conjunto monumental.
Sería vergonzoso que como antaño volviera a haber descuido y dejadez en el cuidado del mismo sobre todo por parte de quien dice ser el dueño del Santuario.
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Nota final. 
Este articulo fue escrito en  2010. Oficialmente se dieron por terminadas las obras en marzo del año 2013. Ver aquí.
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