martes, 25 de agosto de 2009

Blanca de Navarra Reina de Sicilia.

El autor de este articulo posa delante de la imagen de Blanca de Navarra ya restaurada.
Luis Miguel denunció su estado y a raiz de un escrito suyo la administración tomó la decisión de resaurar la unica talla que existe representando a nuestra reina y que se hallaba esculpida en la portada principal de Santa Maria de Olite.

Hace unos días  hablé de la devoción de la reina Blanca de Navarra a Santa Maria de Ujué en este otro capitulo. A continuacion reproduzco un texto del amigo de Olite Luis Miguel Escudero en el que se nos da noticia del recuerdo, buen recuerdo, que dejó Doña Blanca de Navarra en tierras sicilianas.

PASIÓN POR “BIANCA”
“Entre las reinas que gobernaron Paternò (Sicilia), Blanca de Navarra es la reina más recordada, con sincero amor, por haber dado al pueblo las leyes para la vida civil y la tutela de los valores humanos.
Difundió también el sentido de la elegancia como ejemplo de cultura para cada ciudadano”, con estas palabras el periodista italiano Francesco Magrì acentuaba hace poco la figura de una de las mujeres más señaladas en la historia navarra y siciliana, cuya única imagen conservada se desmorona hoy en Olite.

Actualmente la única figura que queda de la última reina Evreux sucumbe carcomida por el mal de piedra en el claustro de la iglesia de Santa María. La escultura es una de las tres efigies de monarcas navarros que la historia ha legado. Las otras dos son las tumbas de Sancho el Fuerte, en Roncesvalles, y la de Carlos III el Noble, situada en la catedral de Pamplona. La de Blanca es la única que corre verdadero peligro de desaparecer.

Sin embargo, pese al abandono pétreo, la imagen de Blanca trasciende fronteras. En diciembre del 2005 se conmemoró en Paternò (Sicilia) los 600 años de unas leyes promulgadas por la que fue hija de Carlos III el Noble y madre del Príncipe de Viana, una figura más recordada en Sicilia que en su propia tierra.


El 11 de noviembre de 1405, la reina Evreux, que se había casado con Martín de Sicilia, reunió en Cortes al consejo comarcal de Paternò y allí promulgó unas leyes benignas para el pueblo. Esas normas basadas en el derecho de la costumbre se llamaron “Consuetudini di Paternò”.

Blanca (1385-1441) se ganó con ellas la admiración del pueblo siciliano y paternés que 600 años después la volvió a recordar con una obra de teatro interpretada por el grupo Batarnù, una conferencia que dio el biógrafo de Blanca, Vicenzo Fallica, y un acto institucional que incluyó la entrega de un cuadro de ella a las autoridades de Paternò.

En otra localidad de Sicilia, Randazzo, situada en la región de Catania, se revive desde hace más de una década una fiesta medieval en la que Bianca es la protagonista de un evento turístico que ha acaparado la atención de revistas de viajes como la prestigiosa Traveler.


A las faldas del volcán Etna, los once mil habitantes del pueblo teatralizan todos los veranos una periodo de la historia que tuvo como protagonista a la princesa navarra que había llegado a la isla tras casarse con el aragonés Martín el Joven, del que muy pronto enviudó.

La fiesta de Randazzo constituye un viaje a la Edad Media en el que constantemente se alude a la figura de Bianca di Navarra. Se exhiben estandartes con motivos de una época, la del Interregno, también protagonista de espectáculos medievales radicados en otras localidades de la isla, como Motta Sant’Anastasia y Santa Maria de Licodía o en la figuración de la batalla de la ciudad sarda de Sanluri.

Pese al tiempo trascurrido, los sicilianos recuerdan con orgullo aquella mujer, “que en una época turbulenta de intrigas y conspiraciones nobiliarias afrontó con determinación el gobierno de la isla”, explica Mabel Villagra, medievalista que ha vivido en Sicilia y es testigo del entusiasmo que Blanca levanta en la región.

Esposa de dos reyes, primero de Martín de Sicilia, y después de Juan II de Aragón, Blanca sostuvo sobre su cabeza las coronas de Navarra, Aragón y Sicilia y llegó a ser una pieza clave en la política de su tiempo. Entre 1409 y 1412, quedó viuda y dirigió los destinos de Sicilia en un periodo que los naturales denominan el Interregno y que es precisamente el que se escenifica en Randazzo entre el 31 de julio y el 3 de agosto.

El paso de Bianca por la isla, aunque corto, dejó una huella todavía sensible. La impronta de la época se conserva en el pavimento de las calles de Randazzo, en los arcos, ventanales góticos y escudos heráldicos que adornan el Palazzo Reale o las murallas de la localidad. Según Villagra, también especialista en recreaciones históricas, “hasta su retorno a Olite en 1415, Blanca ejerció como virreina. Pasó temporadas en Randazzo e intentó celebrar Cortes allí”.

La asociación cultural “SiculAragonensia” es la encargada de revivir anualmente este periodo histórico. Organiza un desfile de época, exhibiciones de arquería y un mercado medieval donde se venden productos sicilianos, como vinos, quesos o artesanía. También hay animación callejera, un ciclo de música medieval y una cena ambientada en la corte de Blanca y Martín.

“Después de diez años, estas fiestas medievales siguen atrayendo a numeroso público. Se han caracterizado por ganar calidad y rigor histórico. Han merecido incluso una mención y fotos a todo color en la revista internacional de viajes Traveler”, explica Villagra.

Mabel Villagra ha solicitado a las autoridades navarras “que favorezcan en el futuro los intercambios culturales con Sicilia y con Cerdeña, que están rescatando para sus fiestas locales periodos de nuestra historia que están aquí completamente olvidados, como es el caso de la figura de Blanca de Navarra y sus años de gobierno siciliano”.

Tras la aventura de Sicilia, en 1415 el regreso a casa de la reina viuda se hizo ineludible. Su padre, Carlos III, la recibió en Olite y planeó nuevos esponsales para asegurar la sucesión real de Navarra. Así que Blanca se volvió a casar en segundas nupcias con el hijo del rey de Aragón, mientras trascurría su vida entre los palacios de Olite y Tafalla o las peregrinaciones al santuario de Ujué o la ermita de Santa Brígida, templos de los que era devota.

La reina murió en 1441 y dejó engendrada la semilla de la guerra civil al ordenar a su hijo el Príncipe de Viana que no tomara la corona de Navarra sin el consentimiento de su padre, el aragonés y monarca consorte Juan II. Agramonteses y beamonteses se enzarzaron en una contienda de intereses nobiliarios que debilitó el reino y lo dejó a merced de la ambición conquistadora de sus poderosos vecinos, castellanos y franceses.

Olite, junio de 2006
Luis Miguel Escudero


Este articulo sobre la reina Blanca se escribíó en 2006. Desde entonces ha habido una novedad importante. La talla de Blanca fue restaurada por el Gobierno de Navarra. Algo tuvo que ver la campaña en los medios de comunicación para denunciar su abandono. La escultura fue retirada del claustro de la iglesia de Santa María y, finalmente, se recolocó en un porche que está en el interior del Castillo de Olite.


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