jueves, 16 de octubre de 2008

El hospital de Ujué


IZQUIERDA: Parece que en el nivel superior de edificio, el de las ventanas geminadas, estuvo el hospital de peregrinos desde el siglo XIV.
DERECHA: Corredor tras los ábsides donde estuvo el hospital. En 1964 se restauró esta zona eliminando la vivienda en que se había convertido el antiguo hospital.

La parte trasera de los ábsides románicos de Uxue tiene la particularidad de no ser exterior.
Un muro los envuelve desde el siglo XIV dejándolos dentro del conjunto defensivo y creando un espacio a la altura de las ventanas geminadas, que según parece y desde entonces se empleó como hospital para los peregrinos.
La documentación conocida hasta ahora no nos ayuda a saber donde estaba exactamente el hospital. Según unos documentos parece que estaba en la actual casa parroquial y en otros tras los ábsides o en las casas que hay apegadas el muro exterior.
Un rastreo por los archivos del ayuntamiento podría aclarar este punto.

Lo que si está documentado es que el hospital subsistió en plena actividad hasta el siglo XIX  y que fue abierto en el XIV para atender a los caminantes y que se mantenía con rentas propias y con limosnas, que un comisionado del propio hospital de peregrinos recogía por Navarra con las debidas autorizaciones. En 1772  extendía esas autorizaciones  el vicario general de la diócesis, Juan Miguel de Echenique.


Dos buenos cirujanos del hospital de Ujué.
Hacia el año 1611 ejercía su profesión en Uxue un cirujano llamado Mañeru, según Idoate [Rincones..., t. I, págs. 94-96]. Había estado cinco años con un buen cirujano y había pasado un examen ante un tribunal formado por el Protomédico de Navarra y dos cirujanos de reconocida experiencia, quienes le concedieron el título de cirujano.
Sus intervenciones tuvieron diversos resultados y había algunos soliviantados contra él. Junto con un cirujano francés, realizó una intervención de hernia a un niño de Uxue. Fue una carnicería muriendo finalmente el niño. El francés huyó y fue Mañeru quien tuvo que defenderse ante los encolerizados parientes de la víctima.
Ya que no pudo eludir su responsabilidad en este caso, se defendió de los que le acusaban de otros descuidos, dando extravagantes explicaciones.
Un testigo procesal declara que, durante la operación realizada por el cirujano francés, uno de los presentes dijo en vascuence (sin duda para no ser entendido por el operador) que si aquel niño no moría de aquella cura, que no moriría de ninguna (G. Ollé: "Vascuence y Romance en la Historia lingüística de Navarra", Pamplona, 1972, p. 35).